viernes, 16 de septiembre de 2011

Contraminas


 Recientemente tuve la oportunidad de participar de una de las experiencias más interesantes que he tenido en mucho tiempo. Con motivo de una investigación que estamos realizando en la oficina sobre Arquitectura Militar en Puerto Rico, se nos concedió acceso a varios de los túneles subterráneos construidos por los españoles en 1783 en una de las fortificaciones principales del sistema amurallado  del Viejo San Juan.

Estos túneles subterráneos se construyeron por varios motivos, se utilizaban como conectores entre las fortificaciones, edificios gubernamentales y militares a lugares estratégicos de la ciudad de San Juan. En ocasiones servían como ruta de escape para personas importantes o para abastecer las fortificaciones con pólvora, municiones y soldados desde polvorines y/o cuarteles.  

Los túneles a los que tuvimos acceso pertenecen a un entramado subterráneo utilizado para contraminas. Estos túneles en particular tienen nichos en los que se colocaba pólvora, en caso de una invasión terrera de enemigos se le prendía fuego y explotaban los túneles para impedir el paso de las tropas enemigas.

Mientras me adentraba en el túnel la luz y la ventilación eran cada vez más escasas. Definitivamente habíamos entrado a otro mundo, donde el paso del tiempo era evidente, lo reflejaba el desgaste de las paredes, bóvedas y el piso arcilloso. Solo se escuchaban nuestros pasos que contrastaban con el silencio que habita el lugar.

Luego de haber caminado varios minutos llegamos a una intersección en donde había que decidir entre ir a la derecha o a la izquierda. Decidimos aventurarnos tomando el camino a la derecha. Este comenzaba a decender, caminamos en pendiente hasta llegar a un espacio adosado a la gruesa muralla del lado norte de la fortificación. Allí había un puesto de vigilancia con dos aspilleras bastante estrechas y profundas, imperceptibles desde el exterior ante la extensa muralla que defendió al castillo de ataques marítimos.

Nos sentíamos emocionados pues através de las aspilleras se colaba la luz y aire. También las paredes estaban cubiertas por “graffitis” históricos que datan de finales de siglo XIX y principios de siglo XX. Había nombres de soldados  que patrullaron el lugar en la antigüedad y dibujos de barcos. Luego de varios minutos de contemplación y maravilla, regresamos de vuelta a la intersección inicial y continuamos hacia el túnel de la izquierda que aunque más extenso que el anterior no conducía a ningún lugar pues se había derrumbado o había sido sellado en algún momento.

Curiosamente a pesar de estar varios metros bajo tierra, con  poca ventilación, calor y humedad considerable y luz escasa, ninguno de estos factores altero nuestro deseo de seguir caminado. No sabíamos que íbamos a encontrar adelante. Teníamos el deseo de explorar, la emoción por descubrir que había en el final o en el trayecto era suficiente motivación para seguir.

Luego de concluido nuestro recorrido, camino a mi casa reflexionaba sobre lo acontecido. Sin duda alguna fue una experiencia enriquecedora para mí en el ámbito profesional  y en el personal. También me hizo pensar en la similitud que existe entre nuestro caminar diario en la vida y el recorrer estos túneles. Pues ambos pueden ser en ocasiones bastante estrechos, afectados por diversos factores externos e internos. Tenemos la incertidumbre de que vendrá adelante. ¿Que encontraremos? Saldremos del calor, la humedad y la oscuridad a un lugar agradable donde la luz se cuela abriendo paso a la brisa y miraremos asombrados por lo que alcanzaremos o terminaremos en un túnel sin salida…

A veces el pesimismo, la  frustración, el miedo e incertidumbre al porvenir  nos paraliza. Donde en ocasiones queremos dinamitar secciones de nuestra vida para impedir el paso de los problemas, personas y situaciones.

Lo primordial es tener la actitud correcta. Tener siempre el deseo de seguir caminando no importa si no vemos el camino en la oscuridad, si no oímos nada solo silencio. Explorar la vida siempre con emoción, con el deseo de descubrir que habrá adelante y que puedes aprender en el trayecto.

    
Entrada al Túnel 

                          

Interior del Túnel 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Iuventus

A finales del siglo  XVIII principios del XIX comenzó a gestarse la conceptualización de los jóvenes como un grupo social definido. Esta concepción fue acompañada por una serie de acontecimientos que sirvieron de agente catalítico para este movimiento. Como lo fueron el desarrollo en la educación, la creación de ejércitos nacionales, el servicio militar obligatorio, el reconocimiento del derecho al voto, entre otros. Previo a esto, culturas antiguas no reconocían el estatus de joven. La vida se dividía en tres  etapas: niños, adultos y ancianos.

El reconocimiento ante la sociedad no fue concedido de manera gratuita, la juventud se hizo sentir a través de la revolución. Comenzaron a participar de protestas, a  manifestar sus opiniones para si  defender sus ideales y derechos.
 
Ha llegado el momento de retomar ese espíritu de Revolución. Pero no una que incite a la violencia, sino una revolución de pensamiento. Que nos libere de los barrotes de la generalización, de la hipérbole, de tomar por “cierto” todo lo que se publica y se dice. De las nociones que se perpetúan y se repiten como el “papa gallo”, sin cuestionamiento ni rigurosidad. Una revolución donde se valide a la juventud y se le reconozca por sus meritos, por sus aportaciones, por que tiene valor en si misma, por que existe. En vez  de validarla por lo negativo que no representa a la mayoría.

Particularmente en  Puerto Rico, donde el pensar común sobre este grupo demográfico es que  “están perdidos”. Pensar que a su vez es cultivado por los medios de comunicación que se encargan día a día subrayar  lo negativo, los asesinatos, las drogas, el sexo y los excesos. Curiosamente he escuchado: “ya nos estamos quedando sin  jóvenes, solo quedaremos niños y adultos y ancianos”.  

Si analizamos en paralelo a este pensar,  podríamos notar que existen áreas que permanecen sombreadas por que no venden, por que preferimos dar exposición a la controversia. Por que si no señálanos al otro solo quedaría señalarme a mi mismo y “esa no era”.  Estamos tan automatizados a esto, que nos hemos vuelto  apáticos ante la situación. Sin embargo tengo la certeza de que la generalización que existe en el decir que “todo esta perdido" no  es así.

Paralelo

lunes, 5 de septiembre de 2011

Sobre la fragilidad de la vida…

Cuando llegamos a esta vida, lo hacemos sin esperar nada. Simplemente entramos a este espacio de forma ruidosa y atropellada.  Hay alguien que nos recibe, no esperan con ansias. La vida no promete ser de ninguna manera, simplemente es y nada más. Tenemos este yo no sé qué, que nos ayuda  a aceptar lo que pasa como algo natural.  Todo fuera mucho más simple si la vida continuara de esa manera natural donde no esperamos nada y lo damos todo.  Nos contentamos con lo que llega a nuestra mano y nos nace sentirnos feliz.  ¿Será porque realmente en lo sencillo y cotidiano está realmente la felicidad? Si, felicidad…  Eso que todos buscan y pocos encuentran.  Eso de lo que todos hablan y por lo que la mayoría dice trabajar.  Eso que con atrevimiento audaz  comparamos con dinero, eso que astutos  y manipuladores han vuelto completamente estético y ficticio.  Eso que se traduce a comodidades y espacios amplios en los que nadie habita, altas cuentas de banco que nadie puede utilizar, eso que  roba el sueño en la noche cuando ya se tiene, eso que te convierte en su esclavo en lugar de hacerte libre.

Será que realmente en la sonrisa inocente de un niño, el abrazo sincero de un padre, la palabra de aliento de una madre, las bromas de un amigo, en lo cálido de un pequeño gran hogar está escondida la felicidad. Eso que no negocia  tu sueño en la noche y te da ánimo para levantarte en la mañana.  Eso que sin querer te lleva a lograr cosas verdaderamente valiosas y transcendentales.  En qué momento nos perdimos, en qué momento lo esencial se convirtió en opcional. Me pregunto ¿A quien tratamos de impresionar? ¿A donde queremos llegar? ¿Quien dijo que del otro lado es mejor? La vida es hoy… mira a tu alrededor y busca ser mejor, mejor para ti y para los que te rodean. Deja un legado, uno que no dependa de la inflación, uno que no te traicione por un mejor postor…. No esperes nada de la vida, mejor da todo por ella.
Paralelo