miércoles, 7 de septiembre de 2011

Iuventus

A finales del siglo  XVIII principios del XIX comenzó a gestarse la conceptualización de los jóvenes como un grupo social definido. Esta concepción fue acompañada por una serie de acontecimientos que sirvieron de agente catalítico para este movimiento. Como lo fueron el desarrollo en la educación, la creación de ejércitos nacionales, el servicio militar obligatorio, el reconocimiento del derecho al voto, entre otros. Previo a esto, culturas antiguas no reconocían el estatus de joven. La vida se dividía en tres  etapas: niños, adultos y ancianos.

El reconocimiento ante la sociedad no fue concedido de manera gratuita, la juventud se hizo sentir a través de la revolución. Comenzaron a participar de protestas, a  manifestar sus opiniones para si  defender sus ideales y derechos.
 
Ha llegado el momento de retomar ese espíritu de Revolución. Pero no una que incite a la violencia, sino una revolución de pensamiento. Que nos libere de los barrotes de la generalización, de la hipérbole, de tomar por “cierto” todo lo que se publica y se dice. De las nociones que se perpetúan y se repiten como el “papa gallo”, sin cuestionamiento ni rigurosidad. Una revolución donde se valide a la juventud y se le reconozca por sus meritos, por sus aportaciones, por que tiene valor en si misma, por que existe. En vez  de validarla por lo negativo que no representa a la mayoría.

Particularmente en  Puerto Rico, donde el pensar común sobre este grupo demográfico es que  “están perdidos”. Pensar que a su vez es cultivado por los medios de comunicación que se encargan día a día subrayar  lo negativo, los asesinatos, las drogas, el sexo y los excesos. Curiosamente he escuchado: “ya nos estamos quedando sin  jóvenes, solo quedaremos niños y adultos y ancianos”.  

Si analizamos en paralelo a este pensar,  podríamos notar que existen áreas que permanecen sombreadas por que no venden, por que preferimos dar exposición a la controversia. Por que si no señálanos al otro solo quedaría señalarme a mi mismo y “esa no era”.  Estamos tan automatizados a esto, que nos hemos vuelto  apáticos ante la situación. Sin embargo tengo la certeza de que la generalización que existe en el decir que “todo esta perdido" no  es así.

Paralelo

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