Cuando llegamos a esta vida, lo hacemos sin esperar nada. Simplemente entramos a este espacio de forma ruidosa y atropellada. Hay alguien que nos recibe, no esperan con ansias. La vida no promete ser de ninguna manera, simplemente es y nada más. Tenemos este yo no sé qué, que nos ayuda a aceptar lo que pasa como algo natural. Todo fuera mucho más simple si la vida continuara de esa manera natural donde no esperamos nada y lo damos todo. Nos contentamos con lo que llega a nuestra mano y nos nace sentirnos feliz. ¿Será porque realmente en lo sencillo y cotidiano está realmente la felicidad? Si, felicidad… Eso que todos buscan y pocos encuentran. Eso de lo que todos hablan y por lo que la mayoría dice trabajar. Eso que con atrevimiento audaz comparamos con dinero, eso que astutos y manipuladores han vuelto completamente estético y ficticio. Eso que se traduce a comodidades y espacios amplios en los que nadie habita, altas cuentas de banco que nadie puede utilizar, eso que roba el sueño en la noche cuando ya se tiene, eso que te convierte en su esclavo en lugar de hacerte libre.
Será que realmente en la sonrisa inocente de un niño, el abrazo sincero de un padre, la palabra de aliento de una madre, las bromas de un amigo, en lo cálido de un pequeño gran hogar está escondida la felicidad. Eso que no negocia tu sueño en la noche y te da ánimo para levantarte en la mañana. Eso que sin querer te lleva a lograr cosas verdaderamente valiosas y transcendentales. En qué momento nos perdimos, en qué momento lo esencial se convirtió en opcional. Me pregunto ¿A quien tratamos de impresionar? ¿A donde queremos llegar? ¿Quien dijo que del otro lado es mejor? La vida es hoy… mira a tu alrededor y busca ser mejor, mejor para ti y para los que te rodean. Deja un legado, uno que no dependa de la inflación, uno que no te traicione por un mejor postor…. No esperes nada de la vida, mejor da todo por ella.
Paralelo
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